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| La cosa pinta bien |
Partidos como la goelada del Barça ante el Rayo deberían ser pasados por vídeo a los niños del Madrid (los adultos no tienen cura), para enseñarles cómo se pueden meter muchos goles sin merecer tal resultado. Se puede jugar mal y golear... colectiva e individualmente. Este partido también me vale para verificar que cualquier goleador puede meter 3 o 4 goles jugando en un equipo grande en estos tiempos de desigualdad presupuestaria.
En efecto, tras el 2º gol de Messi, bloqueado extrañamente en los penaltis, uno se pregunta cómo coño es posible que la merengada admire a un tipo como Cristiano que, en el 99% de los partidos, se limita a hacer exactamente lo que Messi había hecho ante el Rayo hasta ese momento. ¿Acaso algún barcelonista en su sano juicio se emocionó porque Leo marcase un penal y empujase un balón a puerta vacía? Lo que pasa es que Lionel puede tener un partido tonto... o medio. Pero un tío que, enfermo y al 30% de su nivel, lleva a su selección a 5 minutos de los penaltis en la Final de un Mundial, tiene tanta magia en sus botas, que siempre va a firmar una obra de arte de las que te deja boquiabierto. Y su tercer gol es sencillamente eso, una obra de arte.
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| Parecía ausente, pero apareció |
Por lo demás, es el propio Messi el que marca la temperatura del juego. Si no interviene, como en la primera parte, cualquier equipo que la sepa sacar jugada te puede hacer un roto, y eso que Mascherano en mediocampo y Mathieu atrás ponen la chispa para achicar peligros. Y si despierta, se incrusta en la fabricación de juego, y le entra hambre de balón, pues el rival está jodido porque nunca hubo una máquina más perfecta de fabricar goles y ocasiones... Ni de meterlos, que ya es el jugador con más hat tricks de la historia, con 27 añitos.


