Cada uno es muy libre de exagerar
o minimizar lo que le venga en gana. Pero convendría recordar a tanto buitre
carroñero que en San Mamés, donde el Barça las ha pasado putas habitualmente,
este equipo al que pretenden ningunear a pesar de jugar sin Valdés, sin Alves,
sin Alba y ¡sin Messi!, hizo una primera media hora impecable, a la altura del Barça de Guardiola. Por tanto, listillos, convendría demorar un poquito
las exequias del actual líder y vigente campeón de Liga, no vaya a ser que a
alguno le dé otra hostia el devenir lógico de los acontecimientos, que sería
que los lesionados se recuperen, que los superdotados por el talento vayan
cogiendo el punto para rendir a tope, y que Neymar aparque los patines, se
calce unas botas como Dios manda, y empiece a marcar goles.
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| Lo que va de tener a Messi, a no tenerlo |
Del partido en Bilbao diré que no
hay que ser Einstein para sospechar que, habiendo estado Messi, lo más normal
es que en el minuto 30 el Barça ganase 0-3. El ritmo de balón fue
extraordinario, la precisión al primer toque sensacional, y las llegadas eran
continuas… Fue el fútbol que ha tiranizado el mundo este lustro. Pero Neymar,
ayer fatal tras muchos partidos siendo el mejor, tiene un divorcio inconcebible con el gol. Y mientras no las
enchufe, el regreso de Leo se va a hacer eterno. Añadamos a eso lo habitual de cada
año, o sea, que en caso de ir apretaditos, el árbitro joderá la fiesta todo lo
que pueda (roja de libro birlada)… Exactamente lo contrario que ocurre con la
Mafia Blanca y ese ejército de silbatos prestos al rescate cuando le están
pintando la cara al Real. Por eso están a 3 en vez de a 10…
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| Guardiola no dudó en acometer la 1ª transisción |
Pero todas esas obviedades no
obstan para reconocer que el Barça, desde el último año de Guardiola, está
obligado a hacer una transición que ni el propio Pep se atrevió a abordar. Cuando él llegó al Barça, tuvo carta blanca de un
Laporta en la cuerda floja. Sin ese respaldo, le hubiera sido imposible
cargarse nada más aterrizar a dos juerguistas
vocacionales (Deco y Ronaldinho), y a un Eto’o cuyo caracter hacía peligrar la “ecología” del vestuario. A Pep le fue todo perfecto mientras la batuta entre bambalinas la llevaban Xavi, Iniesta y Puyol, con un
Messi infantil haciendo cosas imposibles, con un Alves impresionante, y
con un Piqué concentrado a tope.



