Al componer el tango “Cambalache”, Enrique Santos Discépolo se asustaba de lo que traía el siglo XX, y lo plasmó en frases como “hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador”.
Pongamos a España en el foco. La bonanza económica que se inició a mediados de los 90 y cuyos cimientos de cristal empezaron a resquebrajarse en el 2007, impregnó a una sociedad cada vez más inculta como la española de unos falsos valores que son el peor equipaje posible para salir del hoyo. En efecto, cualquier ciudadano cincuentón con cuarto y mitad de intelecto es testigo atónito de cómo más de la mitad de la población se traga el bombardeo de mensajes mediáticos como si fueran palomitas de maíz. Patética época esta en la que la sociedad adora a los vividores, convive con la chapuza como rutina, soporta el atraco continuado a las arcas del Estado, y promociona el pasotismo, la falta de respeto y la zafiedad.
¿A qué viene este rollo de abuelo cebolleta en un blog deportivo? Pues porque este profundo “quejío” es absolutamente aplicable al fútbol. Me explico. Una sociedad en la que tienen éxito bodrios como Punto Pelota o Futboleros está gravemente herida. Y eso trae como consecuencia que una masa social, en este caso la merengue como podría haber sido la culé si las circunstancias hubieran sido al revés, se haya comido con patatas el endiosamiento de Tito Floren a pesar de sus repetidos fracasos, en vez de rebelarse ante la política deportiva con menos base ética que he visto en mi vida.

